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Un enigma teotihuacano
 
 
Sugerencia de John Joseph Sánchez G. 
 
 






Yanireth Israde

Cd. de México (29 agosto 2017)

Un antiguo mural teotihuacano que plasma una procesión de personajes intriga por su enigmático cargamento: bultos decorados con flores de cuatro pétalos.

Tiene mil 800 años y se encontró recientemente en el Patio de los Jaguares del Palacio Quetzalpapálotl de Teotihuacán, donde recibió tratamientos de conservación antes de ser cubierto de nuevo.

Es, hasta ahora, el mural más temprano del Quetzalpapálotl, un complejo arquitectónico de patios, plazas y habitaciones interconectadas que pudieron ocupar personajes de alto rango, detalla Verónica Ortega, subdirectora técnica de la zona arqueológica, quien estudia la obra.

Este frágil vestigio mural, iluminado con pigmentos naturales al momento de su hallazgo, es único, destaca la arqueóloga.

"Es la primera vez que estos bultos salen en la iconografía teotihuacana; no se tenía ningún registro de este tipo de elementos, y parece que (los personajes) portan también una especie de banderola con flores de cuatro pétalos semejantes a las que traen los bultos. Son varios personajes que van, como en procesión, caminando sobre lo que parece ser un sendero", describe.

Sobresale también la pintura por los humanos que representa: son los primeros que surgen en el Palacio de los Jaguares, denominado así por los felinos que lo decoran.

El mural del año 250 -se realizan análisis de datación para precisar la fecha- se encontró de manera fortuita cuando los especialistas evaluaban cómo mejorar el drenaje en el palacio, llamado así por el arqueólogo Jorge Acosta debido a su rica ornamentación, la calidad de los materiales de fabricación y su ubicación estratégica.

En realidad, dice Ortega, no es un conjunto palaciego, pues no estaba habitado, sino que allí se realizaban actividades administrativas relacionadas, probablemente, con la plaza de la Pirámide de la Luna.

"Se hacían reuniones o se recibían personajes. Era como un lugar de anfitrionía, de recepción de personajes que venían de otras regiones o de la misma ciudad de Teotihuacán".

El mural es distintivo en sus elementos, pero de estilo teotihuacano -hombres pintados de perfil, uso de colores rojo y rosa, y vestimenta que constaba de sandalias, capas y calzoncillos- y debió reenterrarse porque estaba a la intemperie.

Lo mismo se ha hecho con otros murales, en el antiguo barrio de La Ventilla, por ejemplo, explica Alejandro Sarabia, director de la zona arqueológica.

"Se hace por motivos de conservación y puede llevar años el proceso, porque primero deben estabilizarse", dice el arqueólogo.

El procedimiento permite que fácilmente se redescubran, complementa Ortega.

"Probablemente después puedan establecerse algunas estrategias para que puedan visitarse, pero de manera controlada", señala la arqueóloga.

 
 
 
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