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Piden que el TLC excluya a cultura
 
 
Sugerencia de John Joseph Sánchez G. 
 
 






Yanireth Israde

Cd. de México (29 agosto 2017)

Renegociar el Tratado de Libre Comercio (TLC) sin la participación de autores y creadores que respalden sus industrias culturales equivale a dejar que una cadena comercial como Walmart defienda los intereses de los agricultores, o que los revendedores de boletos aboguen por los futbolistas: "es aberrante", criticó el cineasta Felipe Cazals.

"Hace casi un cuarto de siglo usurparon nuestra presencia para firmar el TLC, y están dispuestos a usurparlo por segunda vez", advirtió este lunes el director de Canoa durante una conferencia convocada por la Academia Mexicana de Artes Ciencias Cinematográficas (AMACC) para anunciar su posición frente a la revisión del acuerdo comercial de América del Norte, suscrito entre México, Estados Unidos y Canadá, y en vigor desde 1994.

El primero de ocho puntos, contenido en un documento que se entregó a la Secretaría de Cultura del Gobierno federal, exige que durante la negociación del TLC, México excluya "todos los aspectos relacionados con las industrias culturales, cinematográficas y audiovisuales", para garantizar su producción y la circulación, como lo hizo Canadá.

En el escrito -previsto para enviarse este mismo lunes a las Secretarías de Economía y de Relaciones Exteriores- argumentan que estas industrias deben "gozar de la protección más amplia por ser un derecho humano".

La presidenta de la AMACC, Dolores Heredia; el actor Daniel Giménez Cacho, integrante del colectivo El Grito Más Fuerte, así como las productoras Mónica Lozano e Inna Payán, entre otros miembros del gremio, destacaron en la Sogem las concepciones contrapuestas entre México y Estados, por ejemplo en derechos de autor: mientras aquí prevalece un enfoque humanista, para los anglosajones impera lo mercantil.

Demandaron, en el quinto punto del documento, que una comisión de autores e intérpretes tenga presencia entre los asesores permanentes de México, y no permitir -se lee en el numeral seis- que las diferencias que surjan se diriman de acuerdo con las leyes de Estados Unidos, como propone ese país.

"Queremos estar en la negociación. Queremos estar en el cuarto de al lado", explicó en entrevista Heredia y dijo que, hasta ahora, existe el compromiso de las autoridades de mantener encuentros con los representantes del sector.

Las industrias culturales no deberían ser incluidas en el TLC porque son un "factor de consolidación de nuestra identidad", apuntó en entrevista el antropólogo Eduardo Nivón.

"Al momento de comercializarlas, entrarían en un campo de intromisión de otros intereses. En ese sentido es importante que las industrias culturales no sean objeto de negociación", consideró.

Es preciso, sin embargo, discutir en México el tema del libre comercio, no sólo en el referido tratado, sino en general, apremió el especialista en políticas culturales.

"Ingresen o no ingresen las industrias culturales al TLC, están sujetas a muchas presiones comerciales que van más allá de este tratado. Nos urge una reflexión, más que sobre el TLC, sobre el mismo libre comercio, y tratar de derivar propuestas normativas, legislativas o de estímulo, por parte del Estado, para su desarrollo".

Eduardo Cruz Vázquez, experto en economía cultural y quien ha organizado foros de análisis en torno del tema como parte del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (Grecu), coincide en que se aproveche el TLC para una revisión integral del sector.

"Hay elementos que van más allá de la industria cinematográfica nacional, y una negociación tendría que ver por todos ellos, por ejemplo el mercado de artes plásticas, la importación y exportación de insumos para artistas, instrumentos musicales... El tratado debería ser un buen momento para hacer una revisión y saber qué está pasando, porque hace 23 años no se vio, y entonces mirar cuáles son esos temas que sí vale la pena incorporar en una discusión".

Giménez Cacho advirtió que nuestro País llega debilitado a la negociación por las desventajosas condiciones nacionales que imperan para las industria culturales.

El documento recabó unas 500 firmas, entre ellas de Adriana Barraza, Arturo Ripstein, Damián Alcázar y Blanca Guerra. Circulará también en la plataforma change.org para sumar respaldo.

 
 
 
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