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Arte rupestre

     

 

 
   
   
 
 
 
Las raíces de México en el Espejo de Piedra
 
 
Sind. Nal.  Prof. de Investigación Científica del INAH
 
 





BIENVENIDOS

EL ARTE RUPESTRE UNIVERSAL

Las raíces de México en el Espejo De Piedra

TREINTA AÑOS DE ANDANZAS RUPESTRES  EN SINALOA, CHIHUAHUA Y PUEBLA

Este espacio que brindan los electrones vueltos locos cuando los magnetismos los insuflan y excitan, se ofrece para todos los amantes, interesados, estudiosos e investigadores del arte rupestre universal, mexicano y local. Pero decir esto es decir nada, o mejor dicho, pensar así encierra la creencia de que las cosas que se han hecho, responden a la intencionalidad de celebrar en el presente año (2017) treinta años de trabajo ininterrumpido, con el que he indagado sólo una mínima parte de la realidad rupestre por ser aún insondable. Al final del transcurrir del trayecto temporal de esas tres décadas, me doy cuenta de que ha sido divertido y muy satisfactorio lo que se ha obtenido, dejando de lado aquella creencia de su posible aportación académica en el ámbito de la investigación en tanto que no sólo es una situación que me corresponda tratar y sí, en cambio, permite mencionar su impacto y fortalecimiento de la conciencia en el marco de la identidad cultural. Fuera entonces de criterios eficientistas y de la soberbia egocéntrica tan común en el campo de la arqueología mexicana, la cual, en la búsqueda de reconocimiento personal tiene lugar, es que ahora me causan regocijo ciertas ideas e imaginaciones desprendidas al tener contacto con el arte rupestre desde que niño era. Y sin dejar de serlo ante la intensa búsqueda del cobijo y la protección que brinda el manto pétreo graficado con la mano del universo humano, he llegado a ser más consciente y pleno. Y si de alguna manera me percatara de que lo realizado en este tiempo ya abona, aunque sea de manera mínima y sutil, a los soportes que nos sostienen como seres buenos y sensibles, en verdad me daría más que por bien servido. Si algún atisbo llegara a tener, en lo que me queda de vida, de que el arte rupestre podría ser tabla de salvación para la humanidad en cuanto que como expresión primigenia, que no incipiente, de la red del pensamiento universal, comenzaría a ver que se cumplen uno de mis más caros anhelos. Estamos ahora en condiciones apremiantes por lo que asirnos al arte rupestre es urgente frente a los embates que la modernidad implica: vacío, soledad, ceguera moral e indiferencia, mezclados de manera explosiva con la amenaza, el miedo y la incertidumbre, calamidades azuzadas por relaciones insulsas, limitadas y condicionadas por el contenido de pantallas táctiles de alba y brillante luz, en las que caracteres e imágenes aparecen una y otra vez de manera infinita, pero sin llegar a ningún lugar nada más que al punto de partida: el mismo vacío. Voltear la mirada a la matriz rocosa de la que provenimos, cobijarnos, pensarnos en ella y volver a ser graficados, nos devolverá la paz tan deseada.  

Así las cosas, presento esta página virtual que no tiene más que el propósito de brindar elementos sensibles que giren, como los electrones, alrededor de algunas líneas relacionadas directamente con el arte rupestre, así como con la información de sitios arqueológicos con este tipo de material cultural que ya han sido investigados y publicados en otros medios. Esos elementos sensibles se decantan no sólo en las líneas de trabajo e investigación desarrolladas, sino también, en el espacio de reflexión que bien justifica la intención de un medio de socialización como lo es éste. Pero más que abundar en esas líneas-camino que aún recorro y que son parte de la diversidad y complejidad de los dibujos en roca (pintados y grabados), me permito simplemente enumerarlas en función de que ellas anuncian lo que en esta página se inserta a nivel de algunos textos e imágenes de mi autoría, provenientes éstas de diversos sitios que con arte rupestre existen en los espacios de Sinaloa desde el año de 1987 hasta el de 2017 en Puebla, pasando por el de Chihuahua entre los años de 1992 y 2012. En ellos seguí las sendas rupestres en compañía de muchas personas a quienes desde aquí agradezco su apoyo y grata compañía. Estas líneas son: arte rupestre y estética; territorio simbólico y sagrado; poesía y metáforas; noosfera; y arte rupestre y humor. Aunque independiente del conjunto de éstas líneas, me parece que lo relevante de esta página es el espacio de reflexión alimentado no sólo con lo que su servidor propone y proponga, sino también, por lo que los amigos lectores asienten en una suerte de intercambio creativo, propositivo, crítico y constructivo.

Así, tal vez, para calentar los motores de la reflexión y discusión, me atrevo a decir que el arte rupestre es la expresión que revela esa sublime capacidad de abstracción del homo sapiens sapiens. El acto de graficación de quienes por primera vez grabaron y pintaron sobre matriz rocosa, provocó que estallara la diversidad en unidad y con ella algunos efectos emotivos que nos conectan sensiblemente con el todo. También, que emergiéramos con la riqueza espiritual suficiente y más allá de la materialidad superflua. No hay pueblo ni cultura que no se deje atrapar por las superficies rocosas de  las cuevas, por los espacios planos de los bloques y los frentes en acantilados, la mayoría poseedores de esos discursos propios de morfología rupestre: destellos de profunda sensibilidad que surgen del mismísimo manto pétreo y cuya proyección configura la consciencia cósmica en su existencia eterna. Es el arte rupestre universal al que debemos regresar, y hacerlo sería un acto de supervivencia, de reencuentro y comprensión de nosotros mismos. No hemos avanzado nada, estamos en el mismo lugar donde nacimos y crecimos, aunque tal acción, al no detenerse, es ya exponencial además de poco respetuosa de nuestros entornos naturales y culturales. Si nos atreviéramos a vernos reflejados en el espejo de piedra y a conocer lo que atrás de él existe, la humanidad comenzaría a arribar a mejores espacios de convivencia. La puerta para la conexión entre nuestro ser y el origen pétreo de la humanidad se encuentra abierta, sólo es cuestión de pasar el umbral con la suficiente humildad y despojarnos simultáneamente de ese egotismo que por siglos nos ha caracterizado bajo la creencia constante e ingenua (injusta también) de que somos la especie más inteligente y apta del planeta. Cuando estemos del otro lado del espejo (en franca alusión a la idea de "pasar al otro lado del espejo" de Simonnet, 1999: 11), sabremos si es verdadera o no esta afirmación. Lo tengo claro, es verdadera, pero hagamos el esfuerzo de irnos al otro de especular superficie para que juntos lo experimentemos.

Finalmente debo decir que hago la invitación a recorrer no un nuevo camino, si uno de una nueva manera (Non nova, sed nove) y es hacerlo por medio de la reflexión de lo que el arte rupestre significa para nosotros desde otra perspectiva, con elementos que conforman una visión propia de quien esto escribe y me congratulo de poder compartir con todos ustedes estas mis visiones adosadas con algo de locura, ideas simples y sueltas que han emanado de una fuente de cosmovisión interna, la cual, a lo largo de tres décadas de reflexión, se ha construido en mi ser y consciencia. Varias de esas ideas transitan de la generación de la emotividad (la producción de efectos sensibles de Mandoki, 1992: 244 y 246), que desemboca en planos de una estética no necesariamente kantiana y llega a la pulsión  de los ámbitos de lo arquetípico, pasando necesariamente por la eclosión de metáforas que emergen de las imágenes rupestres de proyección universal. Deseo que así sea en este recorrido virtual que a manera de mandala se inserta en el ciberespacio rupestre tachonado de polvo de estrellas.

 

FRANCISCO MENDIOLA GALVÁN

CENTRO INAH PUEBLA

MAYO, 2017

 

Referencias citadas:

 

Mandoki, Katya, (1992), El poder de la estética, en Arte y Coerción, Primer Coloquio del Comité Mexicano de Historia del Arte, Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, México, pp. 243-251.

 

Simonnet, Dominique, (1999), Prólogo de la Historia más Bella del Hombre. Cómo la Tierra se hizo Humana (André Langaney, Jean Clottes, Jean Guilaine y Dominique Simonnet), Anagrama, Barcelona, España, Colección Argumentos, pp. 7-14.

 

 
 
 
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