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Arqueozoologia

     

 

 
   
   
 
 
 
El lobo mexicano (Canis lupus baileyi)
 
 
Nota de la Redacción
 
 


Alicia Blanco, Bernardo Rodríguez, Raúl Valadez



INTRODUCCIÓN

Sin duda el lobo es el animal más controvertido para la naturaleza humana. Pocos son los casos de organismos que despierten más temor y odio hacia el hombre y, sin embargo, son numerosos los relatos de culturas antiguas y modernas en los que se indica que Homo sapiens y Canis lupus serían capaces de llegar a un nivel de empatía tal que incluso crías de alguna de estas especies podría ser amamantada por hembras de la otra; hemos perseguido al lobo de forma tan efectiva que en esta época se encuentra en grave peligro de extinción y, sin embargo, su descendiente doméstico, el perro, existe en todos los rincones del mundo ocupados por el humano.

Para comprender esta incongruencia es indispensable reflexionar acerca de la enorme similitud ecológica que hay entre ambas especies. Es normal que consideremos a los grandes simios como los seres vivos más semejantes a nosotros, lo cual, filogenéticamente hablando, es correcto, pero en lo que se refiere a sus características ecológicas, lobo y hombre somos enormemente similares, no por nada fue con ellos que se dio lugar al primer evento de domesticación.

La similitud ecológica que existe entre ambos es tal que el producto inevitable fue una competencia en un nivel difícil de imaginar. Las crónicas europeas hablan frecuentemente de ciclos en los cuales a mayor desarrollo humano se daba una virtual desaparición de lobos y cuando el número de hombres disminuía, después de guerras o grandes desastres naturales,
las manadas de lobos se convertían en dueños de amplias zonas, siendo incluso capaces de entrar a los poblados en busca de alimento.

Como hemos mostrado en un artículo anterior,1 gracias a los hallazgos arqueozoológicos y diversos ejemplos iconográficos sabemos que los lobos eran animales conocidos y aprovechados por diversas culturas prehispánicas del centro de México, habiéndose llegado hasta el grado de mantener ejemplares cautivos por varios meses para sacrificarlos en ceremonias de muy alto nivel o bien buscar a machos adultos y emplearlos como sementales
para fecundar a perros hembras a fin de obtener híbridos.2-5 Su valor simbólico podía tener diversas connotaciones, pero la guerra es lo que en este momento podemos vincular más claramente.

Otra importante fuente de información sobre la relación entre hombre mesoamericano y lobo mexicano lo constituyen diversas obras escritas al final del periodo prehispánico o en el primer siglo de la época colonial. En estos materiales el elemento lobo aparece en diversas ocasiones, aunque de forma tal que la mayoría de la gente no lo reconoce o llega a la conclusión de que este animal era prácticamente desconocido por los habitantes de este territorio, imagen por demás falsa dados los hallazgos arqueozoológicos existentes,1 pero de enorme relevancia si recordamos que la gran mayoría de la gente interesada en las culturas precolombinas, sin estudios formales de antropología o historia, recurre invariable y sistemáticamente a estas fuentes para obtener la información que se requiere.


 
 
 

 
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